Conforme
analizo mi trayectoria profesional se
hace más aguda mi percepción. Ésta vez,
es más claro contestar: ¿de dónde vengo? y ¿hacia dónde voy?
En un
principio ésta profesión la use como mi
salvación para resolver un problema económico, el día de hoy estoy convencida
que hay alguien que nos quiere mucho y que mueve sus hilos misteriosamente para
guiarnos en el camino del aprendizaje, en mi caso no era lo que yo quería pero
sí se convirtió en lo que yo
necesitaba.
Para
llegar a este firme convencimiento tuve que pasar por momentos duros; en mi
práctica docente. Pero aprendí a través del ensayo y el error.
Esto lo comento porque, existieron
momentos críticos en donde deje ver en claro, mis debilidades como
docente y mi incapacidad para afrontar
asertivamente los problemas. Uno de ellos
y lo más severo; la relación con
los padres de familia, otro el manejo de la disciplina en el aula y uno más; las estrategias de enseñanza poco eficientes. Estos fueron mis tres grandes
cargas que generaron muchos problemas y que en su momento se salieron fuera de
control dejando grandes estragos en mi
relación con alumnos y padres de familia. Los resultados me generaron motivos de insatisfacción. Estos momentos tan difíciles se convirtieron en el parteaguas para determinar si iba a
continuar o mejor me hacía a un lado.
Este
año de crisis en que tome un trago
amargo hizo que me detuviera un buen rato para reflexionar sobre lo que estaba haciendo, llegando a la
conclusión que las cosas no son como yo creía. Muchas veces debido a mis actitudes de autoritarismo y soberbia, me llevaron a tener consecuencias desagradables.
Después
de varios meses de un buen análisis y de
varios sentimientos encontrados, sabía que tenía que hacer algo para
mejorar mi labor. Al fin me comenzaba a percatar que a mi
alrededor había hombres y mujeres, niños y niñas; que necesitaban poner su confianza en alguien
que les guiara desde un enfoque humanista y pedagógico. Estoy convencida de
acuerdo a lo experimentado que después de una derrota viene la fortaleza, suena
paradójico pero es real. Decidí emprender acción y tuve que desarrollar más
habilidades y estrategias que me permitieran el sacar con dignidad mí trabajo.
Sobre
todo cambio mi idea de lo que significaba “ser maestra” actualmente ya no se trata de ver mi trabajo como algo que
remunera económicamente, sino que ahora lo percibo como una manera de poner mi disposición, esfuerzo, tiempo y
conocimiento, para que otro ser humano
sea capaz de enfrentarse a los retos que la vida misma le presente, es
decir, estar al servicio de los demás
para sentirme alguien útil y que a la vez me da felicidad
Eso es lo que para mí representa el “ser
maestra”, más allá de diseñar
estrategias para enseñar asignaturas, la
veo como “una enseñanza de vida”. Estos han sido momentos de muchas
satisfacciones, ya que también esta profesión me ha permitido valorar día a día a todos aquellos que están a mí alrededor. No ha sido
fácil modificar un estilo de enseñanza que probablemente aprendí en mí
niñez pero sigo dispuesta a corregir para dejar una huella profunda de amor,
respeto y servicio por mi profesión y
con orgullo lo digo; “soy maestra”.
Actualmente con 15 años de experiencia me doy
cuenta que estoy más comprometida con mi labor, el hecho de trabajar en una
institución cuya filosofía es; “Potenciar todas las capacidades del ser
humano desde un enfoque humanista” lo cual me es grato. Diseñar
estrategias a través de situaciones didácticas en donde los alumnos se enfrenten a
circunstancias que le permitan tener mayor seguridad y confianza, ser
solidarios, respetarse y respetar a los
demás, valorar sus conocimientos y compartirlos con otros; han sido aspectos
prioritarios a potencializar en ellos.
Bren.
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